Sueño II

Advierto que el espacio estaba iluminado muy tenuemente, las sillas sin vestir, de metal pero blandas en la base, al estilo de cualquier club. La gente hablaba, yo observaba que debajo del escenario donde estaba la torta blanca, prolija, con detalles rosados y de tres pisos perfectamente unidos y centrados, habían filas de a ocho sillas, que por algún motivo la gente no advertía. Ahora éstas me hacían acordar mucho a los bancos de la iglesia, pero individuales. También había una especie de altar. Los bancos iban acompañados, a su derecha, por ataúdes, ataúdes marrones de madera, con una cruz centrada hacia arriba y flores en la parte superior. Los bordes de los ataúdes estaban acomodados con un fino plateado para las mujeres, y dorado para los hombres. Otro motivo que acaparó mi atención, fue ver dos ataúdes a pie del escenario acomodados justo debajo de ese especie de altar. 

Entonces la luz tenue terminando la charla, empieza a bajar cada vez más y más, por lo que entendí que debía sentarme en mi horrible lugar. El salón quedo completamente en la oscuridad y nadie parecía alterado, nadie se movía, nadie nada.

En ese momento se enciende una luz, muy fuerte y muy centrada que hacía que pareciera que todos estabamos parados justo en medio de la nada. Justo en ese instante aparecieron, ahí estaban ellos dos, "la pareja perfecta" como todos les solían decir, los que se amaban intensamente y creían que su amor sería eterno. 

Ella hermosa-por supuesto- con el pelo hasta por debajo de la cintura llegando casi a la cadera, con su pelo castaño, y con un peinado recogido pero que dejaba apreciar su largo, y sus ojos negros y profundos. Su vestido corte princesa, blanco, que estaba compuesto por un corset bordado de una manera muy delicada en mostacillas, hilos y canutillos, y una falda con caída. Llevaba puesto el colgante que le había regalado su madre(estimo yo, que muerta), y sus aros recién comprados. Sus ojos tan prolijamente maquillados, con brillos como si fuese purpurina, y unas pestañas postizas larguísimas que aunmentaban aún más(si era eso posible) la cantidad de sus pestañas. En su cabello, una corona muy llamativa, pero pequeña. 

Él, claro bellísimo como acostumbraba bien prolijo, con su pelo negro y sus ojos negros bien azabache, con el traje negro de marca por supuesto y una camisa blanca, por algo llevaba un moño rojo, cosa que no entiendo porqué no me causó gracia en aquél momento.