Fantasmas y Gracias

Hace varios días el blog me llama, dele y que te dele, y yo acá sentada por más que lo intente no puedo inspirarme ¿Qué más similar al gran Pity en una de sus más mediocres y pegadizas canciones que yo en este momento?
Es que la época navideña inspira, da ganas de escribir, de leer, de correr, de recibir y dar afecto, pero es que a mi las noches de verano, a decir verdad, me generan una nostalgia incansable. Las noches de La Plata (la ciudad donde vivo desde que tengo memoria), se vacían durante todo el verano. El verano se da maña suficiente para recibir las noches de enero y que se escuche un silencio o vacío que no se encuentra en todo el año, porque los estudiantes se volvieron a sus ciudades, a sus pueblos, o se fueron de vacaciones.
La Plata, aunque nada tan lejano a un pueblo ni tan lejano a la capital... La elijo siempre.
A veces considero la posibilidad de que algo malo me haya ocurrido una noche así, algo que no me acuerde, que mi subconsciente haya decidido eliminar, o que me haya pasado en otra vida. Hasta que entra en escena la parte fría de mi cabeza, mis sentimientos de temor, o nostalgia quedan cubiertos de una buena capa de seguridad o soberbia cínica que no me deja sentir más allá de lo lógico, y es ahí cuando empiezo a considerar que son fantasmas adentro mío, que no hay mas que una voz en mi cabeza, y que lo único que no me cierra es que no llegó Papá Noel, no se quemaron los muñecos, y la nostalgia se corresponde directamente con estar desocupada.
No tengo más para agregar, y gracias.