Tengo la sensación de que nuestro destino siempre fue encontrarnos. Cuando nos dimos cuenta que no queríamos que fuese una amistad ya era tarde para volver en el tiempo. No había lugar a dudas, estábamos hasta las manos y eso nos hizo perdonarnos todo. No conocíamos todo el pasado que nos hizo ser quienes eramos en ese momento. Tampoco lo sentimos necesario.
Estamos en una cuerda floja. Pero no es malo, siempre lo estuvimos. A veces nos parece que todo se mueve y que se pierde el equilibrio. Entonces el corazón se acelera, los pasos pierden firmeza y nos da terror ir para atrás y encontrar el escalón para subir otra vez. Pero eso está bien.
Quizás ahora nuestro hilo se este tambaleando mas de lo normal. Estoy segura que si me mirás como me mirabas el día que viniste a casa a pedirme que no vaya a la escuela, todo se va a estabilizar. Y vos me vas a estabilizar así como supiste desestabilizarme con esa misma mirada. Es que somos eso, acróbatas poniéndonos a prueba todos los días. Acróbatas con miedo, eternos aprendices del buen querer. Y te quiero, te quiero un montón, y el miedo que tengo es que de tanto que se tambalea esto, saltes y que no volvamos a temblar por miedo a perdernos nunca más.