El 2016 no fue el mejor ni el peor año de mi vida, no me interesa que se vaya y no me interesa mucho lo que viví, no me quedé con ganas de nada y tampoco me arrepiento de nada, el 2016 fue así, fue chato, y ya fue.
La pasé como la mierda en la adolescencia, pasé por odio a mi misma, literalmente odio a mi misma, pero hoy me amigué conmigo.
Cumplí 22 años, lo que me deja en una edad que es perfecta, porque si es que pude resolver algo este año, entre quilombos y mambos varios, fue que el mejor momento es ahora.
Más allá de los años dorados de la adolescencia y los algodones y pompas de jabón de la infancia, de lo que me cuente mi vieja de los gloriosos 30 y cuando te experimentaste todo a los 40, la mejor edad la estoy viviendo, es la edad que tengo, no voy a tener otra en tanto esté en el presente, nunca voy a ser mas joven que ahora (y que ahora, y que ahora, y que ahora tampoco...). Y eso la deja #1 en el podio TopTen de las mejores edades en la vida.
Me amigué conmigo misma, no estoy hablando de nada en particular sino de todo en general.
Cuando digo que me amigué conmigo estoy hablando de mi cuerpo pero también de mi alma. Hablo del envase y el relleno. Hablo de forma y fondo. Hablo de todos los sentidos posibles.
Supongo que tomé mal algunas decisiones pero respecto de varios aspectos me doy cuenta lo que ya no quiero ser.
Me amigué. Me amigué con la manera de vivir que tengo, me amigué con escuchar música de todo tipo, con la buena cumbia vieja y el buen rock nacional, con el buen rock o pop internacional y con cantar a los gritos, equivocarme, echarle la culpa al cantante y volverme a equivocar, equivocarme y aprenderme todas las canciones, cantarlas perfectas, errarle en las notas, cantar perfectas las notas, con las ventanas abiertas o cerradas, cantar en la ducha y tararear en la ducha, llorar cantando, reír cantando, actuar cuando voy en el auto y llueve como si estuviera en algún video barato de música triste.
Me volví fanática de una cerveza bien fría en algún horario que no se corresponda con el que todos estarían de acuerdo, con una buena amiga o amigo que me haga reír a carcajadas hasta que se me salga por la nariz, y pasar vergüenza, y cagarme en mi alrededor, y si me da hambre pedirme papas, porque sí, porque tengo 22, porque no los vuelvo a tener. Y si me da hambre pedirme rabas. Y si me da sed tomarme otra birra pero si no quiero birra tomar agua, y volver a empezar. Miro mi panza a la mañana siguiente y le saco una foto y dudo... en otro momento de mi vida eso era que estaba en zona de peligrosa obsesión. Sin embargo, mi tranquilidad es muy clara, se la saco y en lugar de entristecerme me enorgullece, esa panza tiene mas risas y litros de birra que muchas otras, no la cambiaría por nada, porque mis ojos lloraron anoche y los puedo sentir, están hinchados y sensibles. Y me preocupo, en otro momento quizás la culpa me hubiese tumbado en la cama, pero me acuerdo, y fue de risa que lloré. ¿Mi consejo? después de tomarte esa birra, mandale un mesaje a tu amiga, reíte, seguramente tenga exactamente la misma panza toda hinchada y los ojos llenos de recuerdos que si se sientan a pensar van a volver a estallar juntas, ríanse juntas.
Le mandé la foto a mi amiga y le puse "ésta es mi panza de birra con vos y me parece increìble y me parece perfecto", me contestó "que bieeennnn que estamos, tengo la misma panza". Le mandé la foto y fui feliz porque realmente lo pensaba y pensé "me amigué".
Resolví. Resolví dejar de pensar tanto en la ropa y en la marca y en lo cara que me salió, a veces me pregunto si la gente se olvida que las cosas se compran para usar. Resolví que no me parece bien comprar un mega teléfono para tener miedo de sacarlo a la calle, zapatos imposibles de usar que te ofrecen todo menos comodidad, conseguir lo ultra archi-mega-tecnológico que no se use justo por eso mismo, esperando siempre el momento indicado.
Ví personas retar a sus hermanos y sus hijos porque no quieren jugar como quisieran, porque a veces al nene le dan ganas de correr y saltar y no de sentarse con una pantalla y porque a veces se olvidan las cosas. Me dije a mí "¿eso le querés enseñar vos?" Ese nene no va a volver a saltar sin la vergüenza con la que saltó hasta hoy, no va a volver a venir a pedirte afecto igual que hoy. Y un día se va a despertar, y le va a importar que lo dejes usar esos aparatitos de mierda mucho más que correr y ese día Gala alegrate porque destruiste lo más inocente de la infancia.
¿Cuántas invitaciones a un mate en la plaza rechazaste porque no iba con tus planes? ¿No pensaste que es muy probable que la otra persona te invite solo porque quiera verte? Leí este año "todavía hay gente que no se dió cuenta que el verdadero regalo son las manos que te lo entregan", y aplica para todas las promociones.
Este año me llevó a eso, al momento indicado, a resolver que dejé pasar oportunidades que no van a volver, y a aprovechar cada una que sí pude ver, a aprovechar momentos que me di cuenta mucho más adelante que no valían la pena y sobre todo con quienes no valía la pena (y con otros que mucho la valían).
Me encontré con gente dispuesta a dejar todo si me sentía un poquito mal, con amigos que les llegué a rogar para encontrarnos y no hubo caso. Ahora los primeros son menos "gente" y más "amigos", que mis "amigos" que ahora pasaron a ser mas como el resto de la gente.
Fue un año de empezar de nuevo.
Como tres veces tuve miedo de agrandar mi familia culpa de mi organismo y mi irregularidad, eso me hizo consciente(sobre todo la última vez que fue muy terrible) de la oportunidad que estoy teniendo en mi vida, de que todo puede cambiar, que no tenemos el control sobre nada y que es importante estudiar, viajar, aprovecharme, sentirme, conocerme en tanto por allá arriba no decidan mandarme un regalito no esperado.
Cuando todo pasó me di cuenta el tiempo que pierdo, el poco esfuerzo que le meto a todo y me lo dije: "te estás desperdiciando". Ahí empecé de nuevo.
Empecé de nuevo con la manera de discutir. Ese proceso fue más largo, tuve la suerte de hacer una materia muy particular en una cátedra muy distinta, con una comisión increíble (Filosofía-Tinant-Bornia). Me enseñó a defender lo que creía que estaba bien bajo la mirada crítica de una profesora que tenía los valores morales más altos que conocí, y me enseñó que no existe el blanco y negro y que subjetivizamos todo lo que juzgamos, que algunas cosas nos parecen peor dependiendo de quien vengan, y que en esta vida el blanco y negro no existe. Existen los grises y es donde estamos. Estamos en los grises. Empecé a creer de nuevo en la discusión fundada, empecé a creer que quizas los otros tengan razón TAMBIEN y que no hay una razón universal, que no tiene porque ser la mía la razón y empecé de nuevo.
En resumen, el 2016 me engordó y me adelgazó, no me quise y me quise, me viajó y me devolvió tanto física como mentalmente y me durmió y me despertó, me dejó con un insomnio insoportable y con un bruxismo que no se puede creer en época de parciales. Y me sorprendió y por momentos no conocí cosa tan aburrida.
La pasé como la mierda en la adolescencia, pasé por odio a mi misma, literalmente odio a mi misma, pero hoy me amigué conmigo.
Cumplí 22 años, lo que me deja en una edad que es perfecta, porque si es que pude resolver algo este año, entre quilombos y mambos varios, fue que el mejor momento es ahora.
Más allá de los años dorados de la adolescencia y los algodones y pompas de jabón de la infancia, de lo que me cuente mi vieja de los gloriosos 30 y cuando te experimentaste todo a los 40, la mejor edad la estoy viviendo, es la edad que tengo, no voy a tener otra en tanto esté en el presente, nunca voy a ser mas joven que ahora (y que ahora, y que ahora, y que ahora tampoco...). Y eso la deja #1 en el podio TopTen de las mejores edades en la vida.
Me amigué conmigo misma, no estoy hablando de nada en particular sino de todo en general.
Cuando digo que me amigué conmigo estoy hablando de mi cuerpo pero también de mi alma. Hablo del envase y el relleno. Hablo de forma y fondo. Hablo de todos los sentidos posibles.
Supongo que tomé mal algunas decisiones pero respecto de varios aspectos me doy cuenta lo que ya no quiero ser.
Me amigué. Me amigué con la manera de vivir que tengo, me amigué con escuchar música de todo tipo, con la buena cumbia vieja y el buen rock nacional, con el buen rock o pop internacional y con cantar a los gritos, equivocarme, echarle la culpa al cantante y volverme a equivocar, equivocarme y aprenderme todas las canciones, cantarlas perfectas, errarle en las notas, cantar perfectas las notas, con las ventanas abiertas o cerradas, cantar en la ducha y tararear en la ducha, llorar cantando, reír cantando, actuar cuando voy en el auto y llueve como si estuviera en algún video barato de música triste.
Me volví fanática de una cerveza bien fría en algún horario que no se corresponda con el que todos estarían de acuerdo, con una buena amiga o amigo que me haga reír a carcajadas hasta que se me salga por la nariz, y pasar vergüenza, y cagarme en mi alrededor, y si me da hambre pedirme papas, porque sí, porque tengo 22, porque no los vuelvo a tener. Y si me da hambre pedirme rabas. Y si me da sed tomarme otra birra pero si no quiero birra tomar agua, y volver a empezar. Miro mi panza a la mañana siguiente y le saco una foto y dudo... en otro momento de mi vida eso era que estaba en zona de peligrosa obsesión. Sin embargo, mi tranquilidad es muy clara, se la saco y en lugar de entristecerme me enorgullece, esa panza tiene mas risas y litros de birra que muchas otras, no la cambiaría por nada, porque mis ojos lloraron anoche y los puedo sentir, están hinchados y sensibles. Y me preocupo, en otro momento quizás la culpa me hubiese tumbado en la cama, pero me acuerdo, y fue de risa que lloré. ¿Mi consejo? después de tomarte esa birra, mandale un mesaje a tu amiga, reíte, seguramente tenga exactamente la misma panza toda hinchada y los ojos llenos de recuerdos que si se sientan a pensar van a volver a estallar juntas, ríanse juntas.
Le mandé la foto a mi amiga y le puse "ésta es mi panza de birra con vos y me parece increìble y me parece perfecto", me contestó "que bieeennnn que estamos, tengo la misma panza". Le mandé la foto y fui feliz porque realmente lo pensaba y pensé "me amigué".
Resolví. Resolví dejar de pensar tanto en la ropa y en la marca y en lo cara que me salió, a veces me pregunto si la gente se olvida que las cosas se compran para usar. Resolví que no me parece bien comprar un mega teléfono para tener miedo de sacarlo a la calle, zapatos imposibles de usar que te ofrecen todo menos comodidad, conseguir lo ultra archi-mega-tecnológico que no se use justo por eso mismo, esperando siempre el momento indicado.
Ví personas retar a sus hermanos y sus hijos porque no quieren jugar como quisieran, porque a veces al nene le dan ganas de correr y saltar y no de sentarse con una pantalla y porque a veces se olvidan las cosas. Me dije a mí "¿eso le querés enseñar vos?" Ese nene no va a volver a saltar sin la vergüenza con la que saltó hasta hoy, no va a volver a venir a pedirte afecto igual que hoy. Y un día se va a despertar, y le va a importar que lo dejes usar esos aparatitos de mierda mucho más que correr y ese día Gala alegrate porque destruiste lo más inocente de la infancia.
¿Cuántas invitaciones a un mate en la plaza rechazaste porque no iba con tus planes? ¿No pensaste que es muy probable que la otra persona te invite solo porque quiera verte? Leí este año "todavía hay gente que no se dió cuenta que el verdadero regalo son las manos que te lo entregan", y aplica para todas las promociones.
Este año me llevó a eso, al momento indicado, a resolver que dejé pasar oportunidades que no van a volver, y a aprovechar cada una que sí pude ver, a aprovechar momentos que me di cuenta mucho más adelante que no valían la pena y sobre todo con quienes no valía la pena (y con otros que mucho la valían).
Me encontré con gente dispuesta a dejar todo si me sentía un poquito mal, con amigos que les llegué a rogar para encontrarnos y no hubo caso. Ahora los primeros son menos "gente" y más "amigos", que mis "amigos" que ahora pasaron a ser mas como el resto de la gente.
Fue un año de empezar de nuevo.
Como tres veces tuve miedo de agrandar mi familia culpa de mi organismo y mi irregularidad, eso me hizo consciente(sobre todo la última vez que fue muy terrible) de la oportunidad que estoy teniendo en mi vida, de que todo puede cambiar, que no tenemos el control sobre nada y que es importante estudiar, viajar, aprovecharme, sentirme, conocerme en tanto por allá arriba no decidan mandarme un regalito no esperado.
Cuando todo pasó me di cuenta el tiempo que pierdo, el poco esfuerzo que le meto a todo y me lo dije: "te estás desperdiciando". Ahí empecé de nuevo.
Empecé de nuevo con la manera de discutir. Ese proceso fue más largo, tuve la suerte de hacer una materia muy particular en una cátedra muy distinta, con una comisión increíble (Filosofía-Tinant-Bornia). Me enseñó a defender lo que creía que estaba bien bajo la mirada crítica de una profesora que tenía los valores morales más altos que conocí, y me enseñó que no existe el blanco y negro y que subjetivizamos todo lo que juzgamos, que algunas cosas nos parecen peor dependiendo de quien vengan, y que en esta vida el blanco y negro no existe. Existen los grises y es donde estamos. Estamos en los grises. Empecé a creer de nuevo en la discusión fundada, empecé a creer que quizas los otros tengan razón TAMBIEN y que no hay una razón universal, que no tiene porque ser la mía la razón y empecé de nuevo.
Me reí de mí. Encontré mi materia en el mundo, encontré eso a lo que me quiero dedicar y me iba mal. Me fue de regular a malo, acorde a lo que yo esperaba, sin embargo a la distancia lo mismo y me fue acorde a mi esfuerzo. Un día fue la primera vez que me reí de mi misma, y pasé del llanto a la risa. No estaba sufriendo esquizofrenia es que de verdad era muy divertido, me miré desde afuera y era digna protagonista de una película de Disney. Había desaprobado un parcial y no quería desaprobarlo, había estudiado mucho y si bien no era injusto porque había contestado todo para el ojete tenía la esperanza porque es lo último que se pierde. Mis compañeros se copiaron y se habían sacado 10 (¡¡¡DIEZ!!!) y yo desaprobé, no lo puedo creer, encima me voy de viaje, pelotuda. Me llegaron sus mensajes y fue peor, me desilusioné, increíble, me toqué la cara y estaba toda mojada, estaba llorando desde hacía rato desde hacía mucho y ya me dolía. Bajé con mucho huevo la escalera a sabiendas que si me cruzaba con mi vieja me iba a preguntar, me quiso consolar. Eso no lo cambié, odio el consuelo, odio que tengan pena de lo que me pasa y me enojé. Me puse a llorar de nuevo y me fui a bañar (santo remedio), me estaba bañando y llorando y pasando jabón y pasando shampoo y llorando y crema y llorando hasta que en mi cabeza una vocecita me dice "¿estarás llorando o sólo harás la cara?" y la duda pudo más, saqué la cabeza de la ducha con mi cuerpo bajo el agua y me puse los dos dedos índices abajo de los ojos a ver si caían lágrimas. Y me reí, estaba haciendo pavadas y me reí de mi, de mi llanto estúpido y de mi melodrama capaz de despertar a García Márquez para que se ría de mi y me diga que ni para un cuentito valía la pena mi llanto.
En resumen, el 2016 me engordó y me adelgazó, no me quise y me quise, me viajó y me devolvió tanto física como mentalmente y me durmió y me despertó, me dejó con un insomnio insoportable y con un bruxismo que no se puede creer en época de parciales. Y me sorprendió y por momentos no conocí cosa tan aburrida.
Me tiró el hijueputa y asi como me tiró, me levantó sentí como me desenpolvó para volver a correr contra mi misma, contra yo, contra lo que soy, contra lo que fui y a mi deconstrucción y reconstrucción, me hizo disculparme y me hizo perdonar, me hizo soltar, me hizo agarrar, mirar para atrás y para adelante, miré lo que pensaba antes, miré como quiero pensar más adelante. Me llenó y me pudrió del buen decir para bien caer y me pudrieron las mil oportunidades a amistades oportunistas.
Me regaló en sueños un abrazo de mi viejo, me regaló la fiesta más linda que vaya a tener en mi vida que fueron los 80 de mi abuela, y me pasó factura y me revolcó de nuevo por todos lados, me hizo doler y me hizo llorar porque lo que la vida te da también te quita.
Me sentí orgullosa de lo que logré ser, y me sentí estúpida cuando me equivoqué, me decepcionaron muy fuerte y me pregunté más veces de las normales si realmente sería karma y que me lo merecía por algo en vidas pasadas. Pero resolví que el karma puede esperar quietito y que probablemente no fuera mi culpa, aprendí en ese momento a intentar perdonar, e intentar estar en paz.
Me enseñó y aprendí que las cosas pasan por algo y que las cosas que pasan me van a afectar en la medida que las deje que me afecten, que va a doler todo aquello que yo deje que duela, que va a entrar en mí, todo lo que quiera que entre, que iba a llorar todo eso que yo considerase que valía la pena y después de mucho tiempo buscando porqués y cómos, me encontré con mis amigas en algún patio, en algún lugar, parada desde otro lugar, diciéndome lo que piensan, lo que realmente piensan, porque las amigas hacen eso y no importa si duele te van a decir la verdad porque lo que quieren es que vos tengas lo que ellas consideran que es lo mejor.
Y así, adentro mío pero desde otro lugar, aprendí que mis problemas son sólo los míos y aquellos de los que yo decida apropiarme, y me puse contenta, me sentí liviana. Reafirmé mi pensamiento de que los amigos se cuentan solo con los dedos(y con 5 dedos basta y sobra), y me enseñó a prueba y error que los regalos más lindos no vienen en una bolsa papel madera con un moño de plástico y rica perfumina.
Se me notó en la cara lo que aprendí y me preguntaron por lo menos 6 veces por mi tatuaje y todos quedaban muy conformes con mi respuesta, "alegría de vivir".
Nada que otro año no haya hecho (mejor suerte la próxima chiquito, ¿sabés la espinaca que necesitas para voltearme?). ¡Salud!