Crecimos, pasó el tiempo, pasó querer y desquerer y pasó también un poco de amar y desamar, pasó tiempo que pasamos sin pasar de la mano y pasó mucho más sin sonreírnos para calmarnos.
Como si no hubiese pasado pasó el tiempo, porque no cambió nada. Ni el egoísmo, ni esa manera narcisista tuya de caminar, como esperando que todo llegue porque no sos digno de irlo a buscar.
No cambió la risa ante el imprevisto y no cambió en tu cara nada, no cambiaste nada. Ni la chispa en los ojos cuando se te escapa una sonrisa que no querías que viera, ni la línea recta de tu boca cuando se te escapa un poco de transparencia si estás escuchando cosas que no querés, ni la bajada de cejas cuando decís lo que pensás con seriedad, ni la mirada fija e inquisidora, bien directa a los ojos cuando esperás una respuesta, tampoco la levantada de hombros seguida de una sonrisa amargada cuando lo que estás pensando es "no puedo hacer nada". No cambiaron esos abrazos que hacen cerrar los ojos, no cambió el contorno del cuerpo. No cambio la esencia. Ni los impulsos que te llevaron a donde estás hoy.
Ni las ganas de decir la verdad cambió, porque lo mejor es siempre decir la verdad y vos me dijiste que yo te lo grabé a fuego, y que yo misma te lo hice padecer al final, porque no lo supe hacer. No cambiaron mis ganas de pensarte y no cambió la manera. No cambiamos aunque pasó el desquerer y el desamar y aunque hubiese pasado algún otro quilombo no habríamos cambiado tampoco. Porque crecimos y ahora somos adultos que buscan el fundamento específico. Queremos decir que podemos fluir y sentir, y terminamos espiralados en un camino inanimado, y no nos va a llevar a ningún lado.
Crecimos y pasó el tiempo, pasó sin querer. Sin enterarse de la existencia, las alegrías o las miserias o si seguías tomando chocolatada a la mañana o si yo seguía desayunando con té.
Fueron años de tiempo que no pasó, aunque así queramos creerlo yo te juro que no pasó y aunque tengamos proyectos, y aunque con arrugas que no estaban, y con noches de insomnio y con mañanas eternas, con lágrimas y risas que no te dediqué y que no me dedicaste, y habiendo trabajado y por terminar la facultad, con gente que ya no tenemos en común, con actividades que yo ya no sé si hacés o no hacés, y con mil historias nuevas y tu puta coraza que no deja ver, dale, no podemos mentir si cuando nos juntamos brillamos, no nos deja mentir la luz que irradiamos y sabemos bien que en realidad el tiempo sigue siendo un mentiroso, un soberbio elástico que se hace y se deshace, y que en realidad, no pasó.
Como si no hubiese pasado pasó el tiempo, porque no cambió nada. Ni el egoísmo, ni esa manera narcisista tuya de caminar, como esperando que todo llegue porque no sos digno de irlo a buscar.
No cambió la risa ante el imprevisto y no cambió en tu cara nada, no cambiaste nada. Ni la chispa en los ojos cuando se te escapa una sonrisa que no querías que viera, ni la línea recta de tu boca cuando se te escapa un poco de transparencia si estás escuchando cosas que no querés, ni la bajada de cejas cuando decís lo que pensás con seriedad, ni la mirada fija e inquisidora, bien directa a los ojos cuando esperás una respuesta, tampoco la levantada de hombros seguida de una sonrisa amargada cuando lo que estás pensando es "no puedo hacer nada". No cambiaron esos abrazos que hacen cerrar los ojos, no cambió el contorno del cuerpo. No cambio la esencia. Ni los impulsos que te llevaron a donde estás hoy.
Ni las ganas de decir la verdad cambió, porque lo mejor es siempre decir la verdad y vos me dijiste que yo te lo grabé a fuego, y que yo misma te lo hice padecer al final, porque no lo supe hacer. No cambiaron mis ganas de pensarte y no cambió la manera. No cambiamos aunque pasó el desquerer y el desamar y aunque hubiese pasado algún otro quilombo no habríamos cambiado tampoco. Porque crecimos y ahora somos adultos que buscan el fundamento específico. Queremos decir que podemos fluir y sentir, y terminamos espiralados en un camino inanimado, y no nos va a llevar a ningún lado.
Crecimos y pasó el tiempo, pasó sin querer. Sin enterarse de la existencia, las alegrías o las miserias o si seguías tomando chocolatada a la mañana o si yo seguía desayunando con té.
Fueron años de tiempo que no pasó, aunque así queramos creerlo yo te juro que no pasó y aunque tengamos proyectos, y aunque con arrugas que no estaban, y con noches de insomnio y con mañanas eternas, con lágrimas y risas que no te dediqué y que no me dedicaste, y habiendo trabajado y por terminar la facultad, con gente que ya no tenemos en común, con actividades que yo ya no sé si hacés o no hacés, y con mil historias nuevas y tu puta coraza que no deja ver, dale, no podemos mentir si cuando nos juntamos brillamos, no nos deja mentir la luz que irradiamos y sabemos bien que en realidad el tiempo sigue siendo un mentiroso, un soberbio elástico que se hace y se deshace, y que en realidad, no pasó.