Como a las hojas en otoño, indecisos, con la brisa marcando cada paso como ley primera, los vieron una vez.
Me vinieron a contar en algún café o en algún sueño, que fue así, como quien no quiere la cosa, que un día vieron una brisa al pasar y, aunque temblando, pegaron un salto de coraje y abrazados, se echaron a bailar la vida, y se dejaron acurrucar.
Como las infinitas piruetas cuando caen, así se encontraron y se cruzaron, después de tantos enredos. Desparejos y un poco perdidos, histéricos, despeinados y desprolijos, para levantar la bandera de la paz.
Así de fácil, como las hojas cuando caen en otoño, aunque con una vuelta de tuerca más. "El viento los amontona" se lee en las paredes, y a mi la verdad me parece que fueron ellos los que en realidad se dejaron amontonar por ese viento que los enamoró.