"No me habló nadie" lloré adentro de mis tripas. Me lo repetí más veces que lo que pueda caber en la frase "un montón".
"No me habló nadie", hoy también rezó mi mente como esos adictos obligados a rehabilitarse de alguna dependencia que supieron sostener, como quien abraza a aquél que sabe no va a volver.
"No me habló nadie".
"Pero, escuchame: si hablaste con los que atienden en el supermercado y con el carnicero que te comentó que siempre quiso estudiar lo que estas estudiando vos. Y la cajera preguntó por la abuela. Hablaste con la señora que atendía el rapipago y la hiciste reír -habilidosa-.
Si estuviste estudiando con una compañera que gracias a no estar distraída esperando que te hable alguien que no está, la sentís cada día más "amiga" que el anterior.
Si hablaste con tu mamá y te contó de su curso, con tu primo que le cocinaste porque terminó el ingreso a la facultad, con tu hermana que te contó de lo que le gustaría tatuarse en el hipotético caso de que la dejen de espantar las agujas.
Se te salió la comida de la boca al menos dos veces en la cena, de lo que supiste gritar a carcajadas.
Hoy literalmente lloraste de risa.
De verdad estás pensando que no te habló nadie?"
Me estoy curando.