Atardece. A lo lejos, olor a leña quemando. Una calle que forma una curvita. Se bifurca al fondo. Una brisa suave. Hojas que silban, hacen remolino. Bailan.
Silencio. Un caballo por allá relincha. Teros. Agua estancada. Como un espejo gigante. Refleja rojo, amarillo, naranja, un banquito vacío.
Enfrente. Bajo un tilo. La tierra estuvo mojada. Está fría, pero ya no húmeda. Los pies acariciando el pasto. Está suave. Está fresco. Medio seco.
La luz se cuela entre las ramas. Invade la cara, calienta el pelo. Ahora todo es del color del sol.
Un termo, un mate. Dulce. Fuerte. Es un asco.
Tungsteno. Dos o tres grillos. Rocío. Calma. Neblina. Humedad. Los pies fríos. Medias de algodón. Zapatillas. Nostalgia.
Pupilas profundas.
Calor humano.
Energía.
Cielo infinito.
Estrellas livianas.
Esta noche quizás te pesques una tos camino a casa, pero habrá valido la pena.