Dejame que te cuente lo que se siente que piensen todo el día que no te podés valer por vos misma. Callate por favor, no te digo nada porque sos mujer.
Te puedo sintetizar lo que quiero decir pero las mujeres damos vueltas, la hacen larga, son histéricas, no?
Tengo algo que contarte, son ilusiones y son creencias y son al menos para mí cosas profundas, porque quiero contarte de mi vida, pero no me estás mirando a los ojos y supongo que es mi culpa, no debería haber traído escote a este encuentro.
Lo puedo intentar? dejame que lo haga. Mirame a los ojos, dale.
Dejame contarte como es cuando golpeás todo lo que tengo a mi alrededor salvo a mí, cuando me gritás a tan pocos centímetros de mi cara, y te enojás porque no reacciono. Cómo se siente. Cuando venís como un pelotudo a pedir perdón. Y es que, mirá cómo te hago enojar.
Dejame que te explique lo siguiente, puedo? Que te abracen mientras usas el celular, para poder ver lo que escribís, justo ahí donde pensabas que era afecto, y era control.
Quiero contarte lo que se siente estar casada con el miedo. Lo conocés? Al miedo digo.
Las chicas con la cara tapada y las tetas al aire te dieron rabia el otro día. Te vi. Esa rabia tuya por ver esas tetas que no pediste ver(porque algunas eran medio chiquitas y otras medio deformes), es proporcional al miedo que siento si voy sola por la calle, ahí en plena luz del día, donde todos me ven pasar, donde nadie se tapa la cara para hacerme desaparecer, así no más. Donde todos y nadie van a notar mi ausencia. Aquí no ha pasado nada.
Te quiero contar lo que es vivir así. Cruzarse de calle y no por miedo a que te roben plata, que ya no nos importa, sino cruzarse de calle por miedo a no volver nunca más.
Dejame que te diga lo que se siente tener miedo de no volver a ver a tu hermana, cuando se va de noche. A tu mejor amiga, si quedó última en el remis. Dejame que te cuente lo que es vivir sabiendo que quizás, después de tomarme un colectivo, nunca más vea a mi familia.
Te pone medio incómodo, pero no te estoy peleando, te quiero contar de verdad.
Te voy a contar! Ah, debe ser esta estúpida condición de ser mujer que me hizo así, soy complicada y doy muchas vueltas, perdón por hablar tanto.
Es así: Por todas esas sonrisas ensombrecidas, esos sueños pisoteados, esos abrazos que se robaron, esas almas que intentaron apagar.
No nos podemos quedar calladas, sabés?
Te incomoda, pero no te asustes! si ya les ganaste la vida, campeón. Dejame nada más decirte que quizás sí, esos corazones pararon de bombear, y ya no pueden contarte como te estoy tratando de contar yo, lo que es pagar el precio de tus obsesiones.
Pero van a volver a latir una y otra y otra vez, cada vez más alto, en cada lágrima que se nos va, en cada lágrima antes de partir.
Van a latir esos corazones, cada vez que salga el sol y cada vez que se te acerque alguien para decirte, para contarte, lo inexplicable de vivir con este cachito de rutinario dolor, que supimos convertir en combustible para seguir en movimiento.
Y vuelven a latir constante como una radio vieja, para darnos esa vida que dejaron ir, para que nos encarguemos de que no te lo olvides nunca, de repetirlo y de dejarte sordo, de que nos escuchen hasta la eternidad, para que nadie se crea que es cosa simple, aunque nos apaguen mañana.
Dejame contarte, aturdirte con las novedades.
No van a dejar de sonar, ni vamos a dejar de latir.