Alguien me la presentó un día pero no nos caímos del todo bien. Desde aquel entonces jugábamos de lejos y yo hacía que no la veía. Siempre curiosa, siempre cercana, siempre alerta. Estaba siempre ahí. Pero no la veía.
Un día me la encontré y como la ví temerosa y era chiquita, conté números contra una pared.(me la)Jugué y dejé que se esconda porque me habían llegado comentarios que corría rápido, porque no se dejaba atrapar. Dejé que se escondiera no más por el tiempo que quisiera.
Después de unos años me la crucé sin querer.
Vino a mí desorbitada, y me acuerdo que mientras pensaba "ésta corrió chueca, o no entendió el concepto de jugar a las escondidas", me chocó de frente.
La ví clarita, la sentí fuerte, más grande que antes y la palpé histérica y revolucionaria.
Cuando intenté hacerme amiga, me pegó una patada en la boca del estómago. Perdí la visión, y no sentí más. Las bocanadas de aire no llenaban mis pulmones para llamarla y preguntarle si al menos ella se acordaba porqué carajo fue que vino a mí, o por qué había intentado ser su amiga(porque yo no).
Temblando entendí que no me había equivocado cuando la conocí, que no me caía para nada bien y ahora lo sabía(eso era devastador), de un momento a otro con un simple contacto.
Fue un espectáculo que no tenía precedentes.
Esa patada me había generado una descompostura sin igual, había llamado la atención de varios opinólogos reconocidos en el medio y varios días de que se me cayeran un par de ganas del bolsillo, de desayunar tostadas untadas con tristeza y una falta de apetito que finalmente derivó en vómito verbal. Sabía qué, a quién y cómo decir lo que tenía que decir.
Un día me la encontré y como la ví temerosa y era chiquita, conté números contra una pared.(me la)Jugué y dejé que se esconda porque me habían llegado comentarios que corría rápido, porque no se dejaba atrapar. Dejé que se escondiera no más por el tiempo que quisiera.
Después de unos años me la crucé sin querer.
Vino a mí desorbitada, y me acuerdo que mientras pensaba "ésta corrió chueca, o no entendió el concepto de jugar a las escondidas", me chocó de frente.
La ví clarita, la sentí fuerte, más grande que antes y la palpé histérica y revolucionaria.
Cuando intenté hacerme amiga, me pegó una patada en la boca del estómago. Perdí la visión, y no sentí más. Las bocanadas de aire no llenaban mis pulmones para llamarla y preguntarle si al menos ella se acordaba porqué carajo fue que vino a mí, o por qué había intentado ser su amiga(porque yo no).
Temblando entendí que no me había equivocado cuando la conocí, que no me caía para nada bien y ahora lo sabía(eso era devastador), de un momento a otro con un simple contacto.
Fue un espectáculo que no tenía precedentes.
Esa patada me había generado una descompostura sin igual, había llamado la atención de varios opinólogos reconocidos en el medio y varios días de que se me cayeran un par de ganas del bolsillo, de desayunar tostadas untadas con tristeza y una falta de apetito que finalmente derivó en vómito verbal. Sabía qué, a quién y cómo decir lo que tenía que decir.
Le dije clarito:
"No quiero exagerar, pero era un poco mugrosa, o al menos desprolija.
Cuando se iba, manchó el camino porque se le cayó un poco de desilusión, y si no ví mal iba tirando papelitos con penas en el jardín de mi ánimo.
Además iba arrancando los sentimientos de los que canteros donde estaban florenciendo y creo que fue su culpa que haya también ahí unos huequitos rellenos de nada. Y yo no puedo limpiar todo eso."
"No quiero exagerar, pero era un poco mugrosa, o al menos desprolija.
Cuando se iba, manchó el camino porque se le cayó un poco de desilusión, y si no ví mal iba tirando papelitos con penas en el jardín de mi ánimo.
Además iba arrancando los sentimientos de los que canteros donde estaban florenciendo y creo que fue su culpa que haya también ahí unos huequitos rellenos de nada. Y yo no puedo limpiar todo eso."