Siempre el miedo (bis)

Qué peligroso es escribir atado al siempre marginal "no fue" pero "pudo ser".
Soy peligrosa si escribo(sobre vos) así, y aunque me propongo no escribir(te), ni describir(te) más, acá estoy.

Qué peligroso escribir. Peligroso escribir así. Me agarré de algo que escribiste, aunque ya ni sé en qué mes de qué año lo dejaste rodar en la realidad.
Y yo no puedo rodar, y hacerme milanesa en la realidad, no puedo quedar patitas al aire, porque definitivamente no estoy acostada en el pasto mirando mis pies flotar en el cielo desde el suelo.
Un desamor me enseñó de grises. Que el condenado gris enloquece. Que el gris te caga a golpes. Que el gris es de cagón. Que es peligroso el gris.
Es peligroso escribir si después no te dan los huevos. Hay que salir a bancar los trapos.
También vos sos peligroso porque se te escapa todo. Me contaste sin querer lo que pasa en tu cabeza, se te escapó en una sonrisa. Y ¡Peligro! Después, silencio.
Somos así, no sabemos si bancamos los trapos, no estamos seguros. Tampoco estamos con tantas ganas de andar con altanerías.
Somos así, envejecemos pensando tácticas y estrategias por el tremendo miedo a retroceder casilleros. Que sí, que no.
Nos tiemblan las patas ahora que estamos estancados acá.
¿Qué pasa si no queremos retroceder?
¿Qué si ya no podemos?
Y después, silencio.

Siempre el miedo.