La calma

Meses después del huracán, te das cuenta que no necesitás más pasar la noche bailando para que no te den pesadillas. No necesitás pasarla en brazos aleatorios para no sentirte sola. No necesitás más besos sin amor para levantar tu autoestima. No querés las luces del boliche para perderte y no reconocer a nadie.
Te das cuenta que sobreviviste al sábado y al domingo, estás ilesa.
Un buen día deja de dolerte el pecho por cosas que no podés arreglar del pasado.
Entonces lo sentís, es tu corazón que con calma, mucha vitamina de la risa y varias patadas en el culo salió para adelante.