Brindo por esa gente
que llegó y no se quedó,
que sólo nos enseñó
como supo y como pudo,
regalando recuerdos
con la finitud como condición.
Brindo para agradecerles
esas esporádicas tardes
de mostrar sus colores
y de ayuda eterna
para que despleguemos las alas
para de algún modo crecer
Brindo para que no nos olvidemos
de las risas compartidas
a lo largo del camino
en el que algún día
con mucha suerte
sólo nos cruzamos
como supimos,
como pudimos.