Nuestros sueños

No era tétrico vos te levantabas del cajón.

No me animaba a ir a tocarte, te pispié de lejos y vi que te movías.
Se separaron tus párpados y me miraste fijo de costado, cansado.
Observaba y observaba con una mano puesta en el vidrio a través del que te miraba alucinada y la otra en el corazón, como los nenitos cuando ven su gusto favorito de helado.

Elegía torturarme un cachito más y no correr a abrazarte porque siempre tuve ese poquito de masoquismo, porque cuando te encontrara iba a ser mejor si esperaba un segundito más, y necesitaba mucho tu fuerza.
La verdad es que tu último abrazo se me estaba gastando de tanto recordarlo y te iba a preguntar cómo sabés siempre cuándo es exactamente que te necesito.

Se me llenaban los ojos de lágrimas y yo a través de un vidrio contemplaba tu dos metros ponerse de pie.
De repente estabas vestido y yo te gritaba que no te apures, que hacía muchos años no te parabas y te ibas a caer. Y te fuiste para atrás como quien se resbala en la ducha.
Salías de esa habitación que parecía una pecera y todo se puso borroso, no llegué a abrazarte.
En general no sé elegir cuándo esperar y cuándo no, y este poquito de imbécil masoquismo que me hizo elegir no abrazarte ni bien pude, sumado a creer que puedo tener siempre el control me hizo perder otra vez. ¿Eso querías que viera?

Siempre bajás cuando te necesito.
Yo me moría de estar viéndote de nuevo.
Y me muero por verte.

No me hagas esperar otro año
Para volverte a ver,
mi vida entera te daría
Si en el sueño te reías,
ah, qué placer como te reías.
Sin sonido lo hacías,
Y no escuché tu voz
Porque no sonaba,
Pero cómo retumbaba.
Y qué duro fue,
Si de repente me desperté.
Y hoy te lloré un poquito también.
Pero no se por qué.