La cruz

Se fue de mí hoy, de mi casa y de mi cajón. Cumplí mi cometido, y ya no me va a sorprender como siempre brillante cuando busque entre mis diges.
Hoy cumplí promesas mías, asignaturas pendientes llenas de polvo, que me mantenían atada a lo que esa cadena era para mí.
Porque hoy te mandé también esa tarde antes de baile, y esa mirada cómplice tuya, que siendo un nene me pusiste cuando la cerraste en mi cuello. Y hoy te mandé, esas tardes de verano, los cientos de mensajes de texto, de apagar y prender el teléfono, y esas noches de chatear.
Te mandé mis sueños de adolescente, del vestido blanco que le describí a mi diario y mis lágrimas caprichosas en findes de lluvia con ganas de verte y no poder viajar.
Te mandé con esa cadena y ahora son sólo tuyos, todos esos momentos que, sin darme cuenta, en verdad guardaba para recuperar.