Nadie va de joggin al teatro

Me eché como una bolsa de papas en un asiento que parecía mullido pero era de mármol. Estaba frío y no era nada cómodo. Tenía un vestido cortito y unas chancletitas azules que bien podían decir que estaba ansiosa por que llegue el verano.
Estaba esperando que llegue mi vieja al teatro para poder entrar con ella y mientras la fila empezó a avanzar sin mí, los miré a todos y pensé: nadie va de jogging al teatro.
Nadie, nos han enseñado que al teatro se va bien vestido. Así como nadie dice sus verdades y miserias en la primera cita. Nadie espera menos de lo que da.
Los miraba todos arregladitos y ¿cuántos de ellos irían por compromiso? Nos han enseñado que no se hacen algunas cosas, no se dice que no cuando no corresponde.
Nadie mira al distinto para que no se enoje. Nadie toma del pico en el restaurant y estoy casi segura que nadie le cuenta sus problemas a todo el mundo, porque son cosas que incomodan y molestan. "Todo bien, ¿vos?" responde un señor a alguien que lo saluda "¿Todo bien?", automático. Nadie dice que todo va mal si preguntás si está todo bien.
Nos incomoda todo eso que nos enseñaron que no iba bien.
Nos incomoda el adulto que parece un nene, nos incomoda esa señora de la fila que se puso ropa tan excesivamete brillosa. Me interrumpe la línea de pensamieto un grito desaforado: gol de boca, se jugaba el clásico este domingo. "Mirá como gritan" dice la señora coqueta que se había sentado al lado mío mientras yo miraba a la gente entrar, y yo qué sé como grita, señora, él al menos hace lo que siente. No como yo, que no me animé nunca a decirle lo que sentía, ni uso joggin para venir al teatro.