No fue de modo sutil que me dí la jeta contra el piso en más de un tropezón este año.
Tomé más tarde que temprano esas decisiones trascendentales.
Quizás divagué un poco y se me cayeron lágrimas de cocodrilo ante algún problema no-real.
Cumplí con mi objetivo de ir como un toro y darme la cabeza contra la pared, y así me fue.
Intenté de mil modos acomodar mis ideas y acá sigo, juntando pedacitos de lo que creo algún día fue un ovillo.
Me encerré en una cajita de cristal para no querer de más y me dejé iluminar por alguna luz que se filtraba chismosa, después de visitar alguna cervecería con suertuda compañía de ocasión.
Dejé de transitar el camino más largo a casa, porque me aprendí todas sus baldosas y me caí siempre en el mismo lugar. Ahora es parte de un pasado (que pasó).
Me odié y me empecé a gustar y ahora me quiero lo suficiente como para saber esperar y querer lo mejor para mí. No lo que otros creen que merezco. Lo que yo creo merecer.
Abandoné las rivalidades absurdas con personas que no son de mi incumbencia y cumplí con mi propósito de no decir que "sí" si mi mente dice que "no", para no dejarme morir.
Me meloseé y me quise tirar paso de los toros en la cara y odié al género masculino mientras lo besaba a la noche. Después me reconcilié con ellos aunque mi mente rece "son todos iguales"(porque sí).
Analicé la elasticidad del tiempo y decidí robarle segundos al universo para alargar los atardeceres de charlas profundas, de las que ponen los ojos vidriosos y los dientes al aire.
Miré a mis costados y miré atrás.
Miré atrás y ya se donde no quiero volver a estar. Mire al lado mío y los ví caminando ahí, a los locos fieles que elegí todos buenos por igual, en las malas mucho más. Y ahí miré para adelante (y ya sé a donde quiero llegar).
Me la jugué. Colgué un cartelito y por unos días dejé todo y me la jugué, quizás no acerté pero si algo aprendí este año es que prefiero quedarme con un pésimo resultado antes que la intriga me acribille con "qué hubiera pasado".
Así que otra vez fui un rompecabezas y un poco me desarme y revolví y me despeiné y me reí, otro poco lloré. Sobre todo me golpeé bastante, pero siempre me curé y por sobre todas las cosas me levanté.
Empiezo a sospechar que no hay manera de sobrellevar las cosas si no son así, de prepo. Si no te dejás sorprender, si no la querés vivir. Que en el camino hay cosas buenas y malas, y que hay que elegir bien, pero a ciegas.
Lo único importante en el medio del voleo fue quererme a mí para que me quieran bien.
Sospecho que tuve razón al no pedir perdón por decir lo que sentía y me arrepiento un poquito de haber tardado tanto tiempo en hacerlo. Aunque entre nos, conmigo me parece que es todo así, a la fuerza.
Así que, así me fue.
Así de bien.