Rehab

Estaba mirando unas historias en Instagram y me di cuenta que nunca te desbloqueé para ver qué hacías. 
Hace un tiempo me hacía pelota ver que habías seguido tu vida sin mí. Te había silenciado del reino electrónico y de la vida real. Te había silenciado en todas tus dimensiones. 
Me di cuenta también, que no estuve haciendo ni un mínimo esfuerzo para evitar chusmear en qué andabas, como cuando decidí que no aparezcas más. 
Me acuerdo haberme vuelto tan tóxica, que tuve que hacerte a un lado de mi vista y de mi alcance para que no me tiemblen los dedos de tristeza. 
Ahora pienso que es como cuando dejás el teléfono boca abajo para no usarlo. Me dijeron que si necesitás que este al revés, es porque estás rondando la adicción. Tenés que tomar medidas para no usarlo, porque de lo contrario se vuelve de lo más tentador. Y caés.
Y leí que el amor puede ser como una toxina. Que la falta de la otra persona puede generarnos síndrome real de abstinencia. 
Pero hoy ni me acordaba que te había silenciado. Creo que soy digna de hacerte un pasacalle, preguntarte como andás, que me cuentes que conociste alguien nuevo, y limitarme a sonreír. 
Creo que me entrené lo suficiente y me tomé el tiempo necesario para tenerte en frente y que el dolor no me venza las rodillas. 
Me hablaron de vos mil veces y ya no me enamoró tu recuerdo. 
Me parece que los parches que usé como quien quiere dejar el pucho, finalmente dieron resultado. 

Y me parece que me rehabilité de vos.