Soltera

Después de años de no concebir la soltería, la sentí de cerca, de lleno, adentro, alrededor mío y en todos los lugares del planeta (o al menos en La Plata y al rededores).
En la era de las redes, conocer gente se redujo -para mí- al que me conocía y me dejaba de conocer por cualquier medio electrónico.
Y nació mi primera conclusión de soltera:
Los primeros pasos son increíblemente fáciles cuando no tenés que estar frente al prejuicio del otro. 
Pasaron muchos, de los ordinarios, los normales, los amables y los ya sospechosamente amables. 
Y yo me preguntaba siempre qué carajo decir cuando alguien me escribía. La última vez que me había sentido chamuyada, tenía 18 años y la mitad de las redes de hoy en día no tenían las herramientas que tienen ahora. Eran SMS y sino (y si tenías un SÚPER teléfono) incipiente Whatsapp. 
Me daba terror quedar como una estúpida. Quería parecer interesante, quería parecer alguien ocupado, quería parecer alguien por quien valiera la pena remar. Y me costaba tanto entender a la otra persona para darle lo que quería, pero tanto, que al tiempo me di por vencida.
Así, me di cuenta que siempre intenté parecer, intenté ser, intenté decir, intenté hacer lo que al otro le gustara, para que gustase de mí.
Y llegué a mi segunda conclusión de soltera: Quizás es por mis intentos de  gustarle al resto que no me gustaba a mí misma. Y ser yo... nunca me salió mal.