El abuelo de mi ex

Hace muchos años -casi diez-, estuve de novia. 
Una relación tan duradera siendo tan chica, me llevó a entender muchas cosas de la vida tal y como las entendía mi (por aquel entonces) enamorado. Manejábamos los mismos códigos, decíamos las mismas frases ante determinadas circunstancias, y resolvíamos nuestro día a día como personas adultas. 
Fue por el cuerpo y credibilidad que le dimos a la relación que todo se tornó serio, al punto tal de compartir desayunos, almuerzos, meriendas y cenas con una familia que no tardé en sentir como propia. No sólo él había sido lo que mi mamá definía como "el mejor primer novio que te pudo tocar", sino que quienes lo rodeaban también habían sido idéales para mí, en niveles que no supe dimensionar hasta muchos años después.

Hoy acompañé a mi abuela al médico y podía ver cómo mentía para que mi mamá no la rete y la haga hacer dieta. Le decía un sinfín de justificaciones y creó una sesión un poco chueca de lo que había sido en realidad. 
No la desmentí y pensé "no la juzgo", casi ochenta años no vienen solos. No vienen solas las ganas de disfrutar y creo que yo seguiría su ejemplo si pudiera.
En ese momento cruzó por mi cabeza el abuelo de mi ex.
Era bastante tímida cuando era más chica y no había hablado lo suficiente con él. "Cabrón" lo definían. Que si se tenía que tomar un vino, se lo tomaba y no le importaba medirse la presión. Su mujer, compañera de toda la vida, lo retaba y después lo miraba con amor. Porque todos sabemos que no hay nada que hacer cuando un cabezón decide disfrutar antes que hacerle caso a un médico. 
Alberto había decidido vivir su vida siempre como él quería. Porque para comer sin sal, no comía. 
Y yo coincido con él.

Volvió a mi memoria el abuelo de mi ex, como esas personas que vienen a recordarte que todo pasa por algo. Cada persona que aparece en el camino te tira puchitos de sus realidades. Se les resbala, se les cae de la personalidad de entre los dedos y no hay como sostener lo que aman, lo que son. 
El abuelo de mi ex está en pasado porque hoy ya no está y, aunque nunca se enteró, fue una de esas personas que te enseña a poner todo en la balanza y a priorizar. De esas personas que te hacen acordar que lo lindo de vivir la vida es disfrutarla, y que nada nos debe robar ningún suspiro, ni el más pequeño retazo de placer.