Complicidad (Mish)

En el techo de la manzana de enfrente de mi amiga que vive en un sexto piso, hay un montón de gatos. Hacen reuniones y se juntan a veces dos, a veces diez. 
En ese techo se dan las más concurridas jornadas, hay mucho aseo y mucha siesta, aunque a veces se agarran a las trompadas. 
El dialecto felino nunca deja de sorprenderme. Los mininos, desde la independencia formulan reproches por un lugarcito para dormir acurrucados, cuando hay un viento que sople.

Después de observarlos varias tardes de mate y en las noches de cerveza, creo que sufrí una mutación frenética al estilo gatuno: de repente me molesta la insistencia del cariño no requerido y me resisto y me refugio en las noches de humedad (y aprendí a leer los guiños que me hace la luna con aire de complicidad).