Magia II

En lo que planeaba iba a ser mi último año de facultad, se me dió vuelta todo. De repente me encuentro colgando a mis amigos para poder estudiar y estudiando para desaprobar.
Llega una altura en la carrera -al menos en abogacía- donde leer cinco o seis horas por día es el panorama más amistoso que te podés encontrar. En este ir y venir dejé una materia en el camino  (o me dejó a mí), y no tendría mayor trascendencia (porque honestamente me he peleado con varias materias) sino fuese por lo que vino después.
En la mesa de examen el profesor eligió ser duro como el que se estima demasiado a sí mismo para lidiar con quien tiene adelante. Ojo, quizás lo era, pero la condescendencia en semejante situación donde la relación de poder sobre mi futuro era tan evidente, me hizo estallar de rabia. Tal es así que literalmente estallaron mis ojos con una calentura que no podía parar.
Sollozos y mucha novela de Cris Morena para mí, salí caminando para Plaza Moreno, sin saber bien porqué. Me senté frente a la plaza y para completar el panorama, se largó a llover.
Cada vez llovía más fuerte, pero eso no lo noté sino hasta varios minutos después. Cinco o seis personas se me acercaron esporádicamente para preguntarme si estaba bien o si necesitaba algo, y yo cumplí mi rol de patética estudiante que sobrevalora un título universitario y fingí sonrisitas a través de las cuales a penas se entendía mi balbuceo de "todo bien". 
Entre los preocupados transeúntes que pensarían que por lo menos había perdido a toda mi familia en algún trágico siniestro, se me acercó un señor entrado en años, y pidiéndome primero disculpas me dijo: "Me apena mucho verte así, yo no sé qué será lo que te hace llorar, pero todo pasa en la vida.".

Algunas personas tienen magia.