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Un día en Estados Unidos basta para entender más o menos de qué va todo. Al menos en los principales centros turísticos, todo se reduce al consumo. No es que me crea ajena al sistema, es que simplemente es fastidioso e invasivo. 
Nada es por casualidad. Cada actividad tiene una contracara pasible de ser parte del sistema de comercio. 
En la sociedad de hoy en día parece inevitable ser parte. Acostumbrados a consumir comida rápida, adornos pedorros, fotos, e incluso gente, entramos en una vorágine de la que solo algunos instantes quedan exentos. 
En lo particular, a mí me pasa cuando estoy sin nada en mis manos. No sé no hacer nada, y tengo por puta costumbre sentarme a observar. Mi modo turista puede ser muy intenso si tengo las antenitas encendidas. 
No fue sino más temprano que tarde, que escuché la frase que me iba a vaticinar de qué iba a ir la conclusión final de mi viaje, entre dos familias americanas en la ciudad de Miami: 
-what’s the secret?
Preguntaban a una pareja de ancianos, para saber cómo habían hecho funcionar una relación por tantos años.

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