En Punta del Este, un uruguayo me dijo al pasar “no te tenia fe, siempre con la ropa holgada y eso pero la verdad estás diez puntos”.
En Portugal un local me encara, me escribe, me quiere seguir a España. Me empieza a seguir una piba. Su novia.
En Marsella los marroquíes me cuestionan, muy sueltos de cuerpo, qué hago viajando sola, por qué, si no tengo amigos, si no tengo novio, de dónde vengo y a dónde voy. Ahí mismo un pibe no puede evitar girar la cabeza como una lechuza cada vez que pasa una mujer. 360 grados. Aunque me interrumpa una oración. Cada. Puta. Vez.
En Roma un mexicano muy buena onda me habla. Cuando le llega un mensaje de un contacto agendado con un corazoncito esconde el teléfono. Y también en Roma en la fila para entrar al museo del Vaticano, un hindú que venía a mis espaldas se mete en la fila y pasa primero.
Una china en Venecia me cuenta que si las mujeres cobran mas que los hombres en la pareja, está muy mal visto y que un hombre nunca renunciaría a su puesto laboral. No es correcto que un hombre gane menos.
Yo me aguanto todo eso. “Ah, mirá vos que bueno me alegro muchísimo, eh. No desilusionarte”. Educadamente sonrío y que no, que no tengo novio. Que viajo sola. Y te respondo que no voy a estar con vos si tenés namorada. Y sí, sola. Porque quiero. Sí, tengo amigos. No, no tengo novio. Mirame a la cara cuando me hablás. “Las mujeres no somos objeto de admiración” le largué al marroquí y corrí a buscar un plato porque se le habían puesto los ojos como dos huevos duros. Le doy mal mi número y lo averigua. Me manda mensajes y yo, lo bloqueo.
Porque hacemos eso. Tenemos que estar atentas. Cada. Puto. Día.
Lo que fue uno de los mejores momentos de mi vida, fue también de manera implícita, tener mil ojos, ser finalmente un eslabón débil.
Porque hoy al rededor del mundo, todavía ser mujer es peligroso.
Es digno de juzgarme, es digno de preguntarme cosas personales y averiguar qué lleva a una mujer a querer estar sola.
Y a vos que te enojan las pinturas en las paredes, que llorás que ahora no se puede hablar de nada, que decís que tenés miedo y que por culpa del feminismo no sabés si encarar o no a una piba y te agarrás la cabeza como si eso fuera un drama, soy yo la que te pregunta:
Y si me tocaba a mí?
Era porque iba sola?
#NiUnaMenos
#VaASerLey