Jota

Hace un tiempo no muy lejano o, mejor dicho y menos vueltero, en marzo, conocí un pibe.
Conocí a la persona que iba a poner la vara más alta que me pueda imaginar.
La persona que de ahí en adelante, sin saberlo, iba a mostrarme cómo quería yo enamorarme.
Yo ya sé lo que quiero.
Quiero conocer a alguien, saludarlo porque sí, sin rodeos, ni histeriqueos, sin esperar nada.
Quiero que de repente no podamos parar de hablar.
Encontrar alguien que me diga que no está de acuerdo y me cuente por qué y que ansioso me mire y me intente leer la mente a ver qué le voy a responder.
Que no nos podamos separar.
Una persona que cuando ya no queden más tópicos polémicos, se encargue de buscar uno, para testear como viene la mano, y de cara rota nomás me tire "a ver qué tema nos queda por charlar..."
Yo no quiero buscarlo más.
Quiero ese chabón con el que podés comunicarte sin explicar mucho.
Que me cuente sus pasiones y que sea bueno en lo que hace porque le gusta realmente. Y que si puede ser, me lea un poco de sus intereses, que me lea algún cuento.

Yo no sé si quiero a este chico en particular.
Yo solamente sé que hasta no encontrarme con alguien que me interese profundamente desde el momento en que lo conozca, no quiero buscarlo más.

No estoy muy segura de cómo fue que paseamos, cenamos, hablamos de madrugada incluso en el cuarto de hostel completamente vacío y a oscuras, y que no nos dormíamos porque la charla seguía estando buenísima aún después de mil horas.
No se cómo fue que nos dispusimos a cenar, y que hicimos una picadita de despedida, que fuimos al súper y que nos tomamos esas birras.
No sé como fue que me comentaste que eras un gran novio y mirándome a la cara ya con la lengua un poco suelta, me comentaste cómo a modo de DNU habían acordado con otra chica ser novios antes de salir de viaje por separado.

No sé como aguantamos cuando después de decirme eso, me gustaste tanto más y por lo bajo tiraste "la puta madre".

Yo ya sé lo que quiero.
No quiero buscarlo más.